Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Pero he citado dos veces en una misma página un ilustre nombre, sin detenerme, como debía, a considerar su significado en esta guerra. El duque de Gor, a cuya tienda habían conducido a Ros de Olano, es el mismo coronel Bohorques de que hablaba antes con tanto elogio. Es decir, que un grande de España de primera clase, una persona a quien sus mayores legaron gloria y caudal al transmitirle su apellido, no satisfecho con la posición debida a su nacimiento, procura (y lo ha logrado ya seguramente) conquistarse otra por sí mismo, acreciendo así, en vez de aminorarlos, los timbres de su escudo. Ni es él solamente la honrosa personificación que tiene la grandeza en este ejército. ¡Las casas de Corres, Ahumada, Fuente-Pelayo, la Concordia, Amarillas, la Cimera, Malpica, Fernández de Córdoba, Salazar, Noblejas, Mirasol, Villadarias y otras que no recuerdo, han enviado también nobilísimos vástagos a esta grandiosa lucha!
Conque volvamos al día de ayer.
A las tres de la tarde el combate había terminado, y no se veía ni un solo moro por estas cercanías. Su temeridad se había vuelto contra ellos mismos. Nuestra infantería los expulsó primero de sus posiciones; la artillería los persiguió y destrozó en su retirada, y la lluvia, finalmente, les obligó a transponer el horizonte.