Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Juntamente con su primera luz esperábamos recibir a un mismo tiempo un ataque por la derecha y un refuerzo por la izquierda. Del ataque, ya se notaban algunos síntomas: las hogueras del campamento moro se habían reanimado, y otras nuevas brillaban en la llanura. En cuanto al refuerzo, consistía en la División Ríos, cuyo desembarco no podía tardar, puesto que los buques tenían orden de doblar a Cabo Negro al amanecer.
¡Ah, con qué impaciencia aguardábamos la aparición de nuestros barcos en la rada de Tetuán! Creedme, la expectativa de este placer nos hacía olvidar el peligro que nos amenazaba por el lado opuesto…
En lo demás, la operación simultánea de avanzar nosotros desde estas alturas y de aparecer nuestra escuadra con la División Ríos, nos haría instantáneamente dueños del llano, de la ría y de sus fortificaciones; lo cual prueba el gran acierto del plan llevado, a cabo por nuestro general en jefe.
Y, si no, poneos a pensar qué podían hacer hoy los pobres moros, cogidos por segunda vez en las redes de nuestra estrategia…