Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa De cualquier modo, el general O'Donnell no había distraído sus fuerzas por la derecha, cuando parecía formalizarse allí la lucha, ni menos dejado desamparada su izquierda; antes bien había previsto la nueva evolución de los moros, y los aguardaba por el centro, con la artillería dispuesta, apuntando precisamente al sitio en que habían de intentar el segundo ataque.
Vinieron, pues, contra nosotros millares de infantes y de jinetes, lanzando bárbaros gritos, y llegaron a la orilla de las lagunas del frente, haciendo vivísimo fuego… Pero en esto empieza a tronar nuestra artillería: una espesa cortina de humo nos roba por un instante la vista del enemigo; y, cuando se aclara la atmósfera, vemos huir por todos lados a peones y caballeros, mientras que algunos se afanan, con riesgo de su vida, por arrastrar a los muertos y heridos que acaban de morder la tierra…