Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Todo esto es verdad; y, por lo mismo que lo es, encuentro yo a Tetuán delicioso, curiosísimo, inmejorable… ¡Si poseyera todos los encantos europeos que le faltan, sería para mí una de tantas ciudades como he visto en este mundo y como habría podido ver, sin necesidad de venir a África! ¡Para calles tiradas a cordel, soberbios edificios, suntuosos teatros, lindos paseos, buenas fondas y excelente policía, ahí están París y Londres, Marsella y Burdeos, Cádiz y Sevilla, Málaga, Bilbao y Barcelona, y mil y mil otras capitales! El mérito de Tetuán consiste precisamente en no parecerse a ninguna de ellas. ¡Desgraciado de mí si me las recordase en cualquier modo! ¡Adiós, entonces, mis ensueños africanos! ¡Adiós arte! ¡Adiós poesía! ¡Adiós originalidad! ¡Adiós orientalismo! ¡Adiós todo lo que he venido a buscar en esta tierra!