Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa Con razones tan sentidas, francas y convincentes, se expresan hoy los marroquíes. En lo demás, su embajada no se reduce por esta vez a proponernos la paz, sino que vienen también a presentarnos las disculpas de Muley-el-Abbas acerca del ataque de ayer.
Según ellos, las cosas acontecieron de este modo:
Hace tres días llegaron al Fondak unos ocho mil rifeños, que aún no habían tomado parte en esta guerra, pertenecientes a las tribus más indómitas y aguerridas del Imperio. Eran las mismas hordas que tan bárbaramente se ensangrentaron el mes pasado en la guarnición de Melilla; y, envalentonadas por aquel infame triunfo, debido a la sorpresa, al engaño y a las tinieblas de la noche[18], venían (dijeron) a volver por la honra del ejército marroquí, o sea a demostrar a Muley-el-Abbas y a sus tropas de qué modo se vencía a los arrogantes españoles…
Muley-el-Abbas les prohibió terminantemente que nos atacasen, manifestándoles que era una locura acometer a los conquistadores de Tetuán, y que harto harían él y sus tropas, así como cuantos auxiliares les llegaran, con luchar a la defensiva cuando marchásemos sobre Tánger…