Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa En cuanto a los renombrados rifeños, regresaron huyendo y despavoridos al campamento de Muley-el-Abbas, a quien confesaron que habÃa hablado bien por la mañana; le pidieron perdón de haberle desobedecido, y se dijeron más que castigados por su soberbia temeridad. ¡Sus pérdidas, entre muertos y heridos, habÃan llegado a mil hombres!
Todas estas cosas nos las ha contado nuestro amigo Aben-Abu, el general de la caballerÃa, mientras que su hermano, el gobernador del Rif, conferenciaba con el general O'Donnell.
De esta conferencia ha resultado que nuestro caudillo volverá a consultar la voluntad del gobierno de Madrid acerca de la cuestión de Tetuán, exponiéndole las razones que hay para considerar inconveniente la retención de esta plaza en nuestro poder.
—El sábado 17 tendré contestación de España —ha dicho O'Donnell a los parlamentarios—. Ese dÃa podéis venir por las nuevas condiciones de paz.
—Entretanto —han respondido estos—, nosotros cuidaremos de que las cabilas circunvecinas no repitan esos robos y asesinatos, que Muley-el-Abbas lamenta más que nadie…