Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa —¡Ciertamente! Pero es el caso que la Inglaterra, si bien tiene la bondad de no oponerse a que tomemos a Tánger, se opondrá a que lo conservemos. Intervendrá, pues, oportunamente para que de grado o por fuerza hagamos una paz, cuya primera condición sea indefectiblemente nuestra pronta salida de aquella plaza fuerte, que miran como suya.
—¿Y qué nos importan los ingleses? —añadirá, en un sublime arranque de fiereza, algún español de pura sangre.
—¡Ah! SÃ… Es verdad… ¡A los hijos de la noble España no les intimidan los hombres, y lo mismo lucharÃan con ingleses que con moros! Pero es el caso que la guerra serÃa tan marÃtima como lo es la plaza…
—¿Y qué nos importa? —repetirá el antiguo león castellano.