Diario de un testigo de la Guerra de Africa
Diario de un testigo de la Guerra de Africa —¡Mucho nos importa, señor león! ¡Y prueba de ello es que llevamos sobre la frente el vergonzoso estigma llamado Gibraltar! ¡Admirable me parecería que desafiáramos inmediatamente la cólera de la Gran Bretaña; pero preferiría que fuese, no por la posesión de una plaza extranjera como Tánger, sino por reconquistar la deshonrada plaza española en que ondea un pabellón que no es el nuestro! Si el nuevo agravio que Inglaterra infiere a nuestro afán de independencia la hace bramar de ira…, ¡tanto mejor! ¡Apuntémosle al lado de otros muchos; trabajemos sin descanso; construyamos buques; lancemos a la vida del mar a nuestros hijos, pongamos la confianza en Dios, en nuestro valor y en nuestro derecho; esperemos algunos años, y tantas y tan repetidas ofensas serán lavadas con sangre en la bahía de Gibraltar y en los campos de San Roque y Algeciras!
¡Solo cuando hayamos conseguido esto podremos entablar contiendas con la Gran Bretaña sobre nuestra libertad de acción en Tánger! Digo…, ¡a no ser que prefiráis la gloria y la dicha de que España sea ayudada en sus empresas del modo que lo han sido el imperio turco y el reino sardo!
Resumiendo por hoy.
Los parlamentarios moros han quedado en volver el 21 con la contestación de Muley-el-Abbas a las nuevas condiciones de paz.
Día 21.