El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte El segundo Borbón de España era un mancebo de diecisiete años, flaco, largo y raquítico, como planta que crece a la sombra.
Su rostro (que no había carecido de cierta finura de expresión, a pesar de la irregularidad de sus facciones) estaba ahora espantosamente hinchado y cubierto de cenicientas pústulas.
Parecía un tosco boceto de escultura modelado en barro.
Tendió el Rey niño una angustiosa mirada a aquel otro adolescente que se acercaba a su lecho, y al encontrarse con sus mudos y sombríos ojos, insondables como el misterio de la eternidad, dio un ligero grito y ocultó el semblante bajo las sábanas.
Gil Gil, en tanto, miraba a los cuatro ángulos de la habitación buscando a la Muerte.
Pero la Muerte no estaba allí.
—¿Vivirá? —le preguntaron en voz baja algunos cortesanos, que habían creído leer una esperanza en el rostro de Gil Gil.
Iba a decir que sí, olvidando que su opinión debía darla solamente a Felipe V, cuando sintió que le tiraban de la ropa.
Volvióse, y vio cerca de sí a una persona vestida toda de negro, que se hallaba de espaldas al lecho del Rey…
Era la Muerte.