El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —¡Piensas arrebatármela!
—¡No! Pienso unirte a ella.
—Un dÃa me dijiste que no la estrecharÃan otros brazos que los tuyos o los mÃos… —murmuró Gil Gil con desesperación—. ¿De quién va a ser antes? ¿MÃa o tuya? ¡DÃmelo!
—¡Tienes celos de mÃ!
—¡Horrorosos!
—¡Haces mal!… —replicó la Muerte.
—¿De quién va a ser antes? —repitió el joven cogiendo las heladas manos de su amigo.
—No te puedo responder. Dios, tú y yo, nos la disputamos… Pero no somos incompatibles.
—¡Dime que no piensas matarla!… ¡Dime que me unirás a ella en este mundo!…
—¡En este mundo! —repitió la Muerte con ironÃa—. Será en este mundo… Yo te lo prometo.
—¿Y después?
—Después… será de Dios.
—¿Y tuya? ¿Cuándo?
—MÃa… ¡Lo ha sido ya!
—Me vuelves loco. ¿Elena vive?
—¡Lo mismo que tú! —replicó la Muerte.
—Pero… ¿vivo yo?
—Más que nunca.
—¡Habla, por piedad!