El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte —Pero ¿a qué has venido aqu� —repitió el joven con creciente zozobra—. ¿A qué has venido aqu� ¿Cómo te hallo en mi casa? ¡Tú sólo entras donde tienes que matar a alguien!… ¿A quién buscas?
—Todo te lo diré… Sentémonos un momento… —respondió la Muerte, acariciando las heladas manos de Gil Gil.
—Pero Elena… —murmuró el joven.
—Déjala. En este momento está dormida; yo velo por ella. Conque vamos a cuentas. Gil Gil…, ¡eres un ingrato! ¡Eres como todos! ¡Una vez en la cumbre, das un puntapié a la escalera por donde has subido! ¡Oh! ¡Tu conducta conmigo no tiene perdón de Dios! ¡Cuánto me has hecho padecer en estos últimos dÃas! ¡Cuánto! ¡Cuánto!
—¡Ay!… ¡Yo la adoro! —balbuceó Gil Gil.