El Amigo de la muerte
El Amigo de la muerte Gil y la Muerte pasaron sobre aquellos oasis de los desiertos marinos sin detenerse un momento.
A los diez minutos salió el sol del seno de las olas y levantóse un poco en el horizonte.
Pero la Muerte paró el carro, y el sol volvió a ponerse.
Echaron a andar de nuevo, y el sol tornó a salir.
Eran dos crepúsculos en uno.
Todo esto asombró mucho a nuestro héroe.
Anduvieron más y más, engolfándose en el día y en el océano.
El reloj de Gil señalaba, sin embargo, las nueve y cuarto… de la noche, si así podemos decirlo.
Pocos minutos después la América del Norte surgió en los mares.
Gil vio al paso los afanes de los hombres, que ya labraban los campos, ya se deslizaban en buques por las costas, ya bullían por las calles de las ciudades.
En no sé qué parte distinguió una gran polvareda… Se daba una batalla.
En otro lado le hizo reparar la Muerte en una gran solemnidad religiosa… consagrada a un árbol, ídolo de aquel pueblo…
Más allá le designó a unos jóvenes salvajes, solos en un bosque, que se miraban con amor…
Luego desapareció la tierra otra vez, y penetraron en el mar Pacífico.