El niño de la bola
El niño de la bola —¿Quién? ¿Quién ha sido? ¿Quién se ha casado con mi mujer? ¿Cómo se llama el temerario? Ni ¿qué me importa su nombre? ¡Morirá sea quien fuere! ¡Morirá, aunque se esconda en el centro de la tierra! De esto no hay más que hablar: ¡es cosa decidida! Pero dime, vieja infame, embustera, llorona, peor mil veces que el escorpión con quien estuviste casada: ¿cómo has podido consentir que Soledad? ¿Qué has hecho para reducirla? ¿Cómo se ha prestado ella? ¡Ah! ¡La hipócrita! ¡La impúdica! ¡La vil criatura que yo tomaba por un ángel! ¡Casarse con otro hombre! ¡Qué horror! ¡Qué asco! ¡Qué miseria! ¡Todos sois de una misma casta de reptiles: el padre, la madre y la hija!
—¡Ella es inocente! —respondió la anciana, irguiéndose poco a poco ante aquellos bárbaros insultos.
—¡Morirá! —pronunció Manuel, extendiendo el brazo como si jurara.
—Su padre fue quien la obligó a casarse. Ella no querÃa. ¡Te lo juro por lo más sagrado!
—¡Morirá! —repitió Manuel implacablemente.