El niño de la bola
El niño de la bola DE LO QUE AQUELLA NOCHE PENSARON Y DIJERON LOS HABITANTES DE LA CIUDAD
La súbita noticia de que el Niño de la Bola estaba de vuelta colmado de riquezas, y también de ira, cundió aquella misma noche por toda la ciudad con la rapidez del pavor, cual si se tratase de la llegada del cólera o de la proximidad de un ejército enemigo. El arriero malagueño, vagando con sus cargas por aquellas calles para él desconocidas, sin saber dónde meterse y teniendo que preguntar a los transeúntes por un don Manuel Venegas que había venido con él de Málaga, y de quien se había apoderado, al pasar por delante de cierta ermita, una especie de alma en pena vestida de negro, fue el primero que, ya cerca de las Ánimas[131], reveló al público tan interesante nueva, confirmada poco después por una antigua criada de la señora de Arregui (alias la Dolorosa), que tuvo que ir a la botica de la plaza por tila y flor de azahar para la señá María Josefa, y contó de camino a cuantos halló al paso todo lo acontecido en el santuario campestre, tal y como la madre acababa de referírselo a su hija.
