El niño de la bola
El niño de la bola —¡Milagro! ¡Milagro! ¡Viva el Niño Jesús!
* * *
—¿Qué diablos es eso? —preguntaban en tanto muchas personas desde los balcones más distantes.
—¡Qué ha de ser! —respondÃan desde la calle algunas voces—. ¡Que Manuel Venegas iba a matar a la Dolorosa, cuando de pronto ha caÃdo de rodillas debajo de las andas del Niño Jesús, y luego ha echado a andar piadosamente detrás de la procesión! ¡MÃrenlo ustedes! ¡Allà va, cogido de la capa de oro de don Trinidad Muley!
—¡Mentira! ¡No ha pasado asÃ! —exclamaban los discÃpulos de Vitriolo y los catecúmenos que ya tenÃa en aquel barrio—. Lo que ha sucedido es que la Dolorosa se ha echado a llorar al ver a su antiguo adorador; que el padre cura ha dicho a éste cuatro frescas por no haberle querido recibir hoy, y que, de resultas de lo uno y de lo otro, nuestro perdonavidas se ha ido detrás de su antiguo amo como un doctrino, como un borrego, como el último acólito de la Parroquia. ¡Estos son los valientes! ¡Mucho ruido, y luego…, la nada entre dos platos!