El niño de la bola
El niño de la bola —¿Saben ustedes la novedad? —exclamó en tal punto un discÃpulo de Vitriolo, que llegaba a escape en aquel momento y habÃa conseguido acercarse a Manuel Venegas.
—¡Calla o te estrangulo! —rugió sordamente el capitán, echándole mano al pescuezo y arrojándolo de aquel sitio.
Y, pretextando luego que no podÃa andar tan de prisa, se cogió fuertemente del brazo izquierdo de Manuel, sin perder de vista al feroz discÃpulo de Vitriolo.
Quedó, pues, nuestro héroe incomunicado con el público; y, de este modo, llevado a remolque por el virtuosÃsimo cura y remolcando él al honradÃsimo capitán, penetró al fin en la capilla de Santa Luparia, donde, por pronta providencia, lo encerró don Trinidad Muley con llave y cerrojo en un reducido despacho dependiente de la sacristÃa.
HÃzolo a tiempo. Un minuto después llegaba Antonio Arregui, seguido de muchas personas, al pórtico de la capilla, en demanda de Manuel Venegas.
Pero se encontró con el revestido sacerdote, que le aguardaba ya sin temor alguno, y que le dijo majestuosamente: