El niño de la bola

El niño de la bola

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Mentira! ¡Soledad no está casada! —gritó Manuel con desesperación—. ¡Su casamiento es nulo! ¡Soledad no ha dejado nunca de quererme! ¡Yo la conozco desde que era niña! ¡Yo sé lo que me decían esta tarde sus divinas lágrimas!

—Te equivocas, Manuel —prosiguió la madre—. Soledad no faltará a sus deberes de esposa. Tu presencia en este pueblo sólo puede dar lugar a desventuras para todos, y de manera alguna felicidades para ti ni para ella. El único bien que puedes hacer a mi hija, y que le harás, supuesto que tanto la quieres, es ausentarte, dejarla en paz, no ser la perdición de su casa. ¡Y eso venimos a decirte este angélico y yo! ¡Eso te suplicamos rendidamente!

—¡Que venga a hablarme ella! —replicó Manuel con indescriptible arrogancia—. ¡Verán ustedes cómo no me pide que me marche! ¡Yo la conozco! ¡Su corazón es mío! ¡Nada más que mío! ¡Mío desde la edad de ocho años!

—¡Esas son locuras, Manuel! —replicó la señá María—. ¿Cómo ha de venir a verte una mujer casada? Pero, ¡harto claro te decía esta tarde con ríos de lágrimas su deseo de que la olvides, de que la perdones, de que nos perdones a todos! Soledad no lloraba por lo que tú te figuras. Soledad lloraba de miedo, como llora este pobre niño.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker