El niño de la bola
El niño de la bola Don Trinidad siguió a Manuel al promedio de la sala, y, señalando al Niño Jesús, que refulgÃa a la luz del sol con tanta rica presea como adornaba su figura, preguntó en son de ruego:
—¿Y a Éste? ¿Qué le dices por despedida?
—¡A Éste le pedirÃa que resucitase, levantando la losa de mi corazón, si tal milagro fuera posible! —contestó Manuel melancólicamente.