El niño de la bola

El niño de la bola

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y le largó un bolsón de torzal[88] encarnado, entre cuyas estiradas mallas relucía mucho oro. Lo menos contendría seis mil reales. Manuel borró con el pie el nombre del difunto caballero, y se puso a escribir otro, que resultó ser el de la madre a quien no había conocido: MANUELA. Es decir, que ni siquiera se dignó fijar sus ojos en la bolsa. Por el contrario: para dar a entender que nada tomaría, escondió sus manos en los bolsillos del pantalón.

—¡Eres muy rencoroso, o tienes mucho orgullo, Manuel! —dijo entonces con amargura la señá María Josefa—. Por lo visto, crees que todos los de mi casa somos tus enemigos, ¡y lo que es en eso te equivocas! Figúrate que tengo una hija a quien adoro, como tu padre te adoraba a ti; la cual esta mañana le decía a mi marido, después del almuerzo: «Mira, papá: es menester perdones a ese niño tan hermoso que se sienta todas las tardes ahí enfrente, y le digas que sí a lo que venga a pedirte. ¡A mí me da mucha lástima de él! ¡Dicen que antes era más rico que nosotros, y que la cama en que yo duermo ha sido suya!». ¡Conque ya ves, hombre, ya ves! ¡Hasta mi Soledad se interesa por ti!

Manuel había levantado la cabeza y dejado de escribir en el suelo.

—Dígame usted, señora —pronunció entonces reposadamente—. ¿Cuántos años tiene esa niña?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker