El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —¡Merceditas! ¿Qué es lo que profieres? —silbó el corregidor con labios y encÃas—. ¡Si es verdad que ha pasado eso en mi casa, diré que eres una pÃcara, una pérfida, una licenciosa!
—¿Con quién habla este hombre? —prorrumpió la corregidora desdeñosamente, y paseando la vista por todos los circunstantes—. ¿Quién es este loco? ¿Quién es este ebrio?… ¡Ni siquiera puedo ya creer que sea un honrado molinero como el tÃo Lucas, a pesar de que viste su traje de villano! Sr. Juan López, créame usted —continuó, encarándose con el alcalde de monterilla, que estaba aterrado—: mi marido, el corregidor de la ciudad, llegó a esta su casa hace dos horas, con su sombrero de tres picos, su capa de grana, su espadÃn de caballero y su bastón de autoridad… Los criados y alguaciles que me escuchan se levantaron, y lo saludaron al verlo pasar por el portal, por la escalera y por el recibimiento. Cerráronse en seguida todas las puertas, y desde entonces no ha penetrado nadie en mi hogar hasta que llegaron ustedes. ¿Es esto cierto? Responded vosotros…
—¡Es verdad! ¡Es muy verdad! —contestaron la nodriza, los domésticos y los ministriles, todos los cuales, agrupados a la puerta del salón, presenciaban aquella singular escena.