El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —Y ¿dónde están? —preguntó el molinero.
—Están abajo, en la puerta…
—Pues, diles que suban, con permiso de esta señora.
—Las pobres no podrÃan subir…
—¡Ah! ¡Son dos mujeres!… ¡Vaya un testimonio fidedigno!
—Tampoco son dos mujeres. Sólo son dos hembras…
—¡Peor que peor! ¡Serán dos niñas!… Hazme el favor de decirme sus nombres.
—La una se llama Piñona y la otra Liviana.
—¡Nuestras dos burras! Frasquita: ¿te estás riendo de m�
—No, que estoy hablando muy formal. Yo puedo probarte, con el testimonio de nuestras burras, que no me hallaba en el molino cuando tú viste en él al señor corregidor.
—¡Por Dios te pido que te expliques!…
—¡Oye, Lucas!…, y muérete de vergüenza por haber dudado de mi honradez. Mientras tú ibas esta noche desde el Lugar a nuestra casa, yo me dirigÃa desde nuestra casa al lugar, y, por consiguiente, nos cruzamos en el camino. Pero te marchabas fuera de él, o, por mejor decir, te habÃas detenido a echar unas yescas en medio de un sembrado…
—¡Es verdad que me detuve!… Continúa.