El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —¡Están muy buenas! —exclamó, mirando aquella uva al trasluz y alargándosela en seguida a su secretario—. ¡Lástima que a mà me sienten mal!
El secretario contempló también la uva; hizo un gesto de cortesana admiración, y la entregó a uno de los familiares.
El familiar repitió la acción del obispo y el gesto del secretario, propasándose hasta oler la uva, y luego… la colocó en la cesta con escrupuloso cuidado, no sin decir en voz baja a la concurrencia:
—Su IlustrÃsima ayuna…
El tÃo Lucas, que habÃa seguido la uva con la vista, la cogió entonces disimuladamente, y se la comió sin que nadie lo viera.