El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos Después de esto, sentáronse todos. Hablóse de la otoñada (que seguía siendo muy seca, no obstante haber pasado el cordonazo de San Francisco), discurrióse algo sobre la probabilidad de una nueva guerra entre Napoleón y el Austria, insistióse en la creencia de que las tropas imperiales no invadirían nunca el territorio español, quejóse el abogado de lo revuelto y calamitoso de aquella época, envidiando los tranquilos tiempos de sus padres (como sus padres habrían envidiado los de sus abuelos). Dio las cinco el loro…, y, a una seña del reverendo obispo, el menor de los pajes fue al coche episcopal (que se había quedado en la misma ramblilla que el alguacil), y volvió con una magnífica torta sobada, de pan de aceite, polvoreada de sal, que apenas haría una hora había salido del horno, colocóse una mesilla en medio del concurso, descuartizóse la torta, se dio su parte correspondiente, sin embargo de que se resistieron mucho, al tío Lucas y a la señá Frasquita…, y una igualdad verdaderamente democrática reinó durante media hora bajo aquellos pámpanos que filtraban los últimos resplandores del sol poniente…