El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos —Además —prosiguió el alguacil—, la señá Frasquita es capaz de tirarse por una ventana con tal de agarrar el nombramiento de su sobrino…
—Hasta ahà estamos de acuerdo. ¡Ese nombramiento es mi única esperanza!
—¡Pues manos a la obra, señor! Ya le he explicado a UsÃa mi plan… ¡No hay más que ponerlo en ejecución esta misma noche!
—¡Te he dicho muchas veces que no necesito consejos! —gritó D. Eugenio, acordándose de pronto de que hablaba con un inferior.
—Creà que UsÃa me los habÃa pedido… —balbuceó Garduña.
—¡No me repliques!
Garduña saludó.
—¿Conque decÃas —prosiguió el de Zúñiga, volviendo a amansarse— que esta misma noche puede arreglarse todo eso? Pues ¡mira, hijo!, me parece bien. ¡Qué diablos! ¡Asà saldré pronto de esta cruel incertidumbre!
Garduña guardó silencio.
El corregidor se dirigió al bufete y escribió algunas lÃneas en un pliego de papel sellado, que selló también por su parte, guardándoselo luego en la faltriquera.