El Sombrero de tres picos
El Sombrero de tres picos No bien se sosegó, principió a desnudarse con una celeridad febril; colocó toda su ropa en las mismas sillas que ocupaba la del corregidor; púsose cuantas prendas pertenecían a éste, desde los zapatos de hebilla hasta el sombrero de tres picos; ciñóse el espadín; embozóse en la capa de grana; cogió el bastón y los guantes, y salió del molino y se encaminó a la ciudad, balanceándose de la propia manera que solía D. Eugenio de Zúñiga, y diciéndose de vez en cuando esta frase que compendiaba su pensamiento:
—¡También la corregidora es guapa!