La Alpujarra
La Alpujarra Las casas, generalmente pobres y de aspecto morisco, disimulaban su vejez bajo una flamante capa de cal, como en las ciudades africanas, y hacían olvidar su modestia con las flores, con las jaulas de pájaros, con las ramas de naranjos y limoneros y con las emperejiladas mujeres que decoraban sus balcones, sus puertas, las tapias de sus corrales y las cercas de sus huertecillos.
El crescendo de hermosura del Valle de Lecrin había, pues, llegado casi al summum…, y me quedo en el casi, porque aún nos faltaba ver a Lanjarón…
Béznar es uno de los emporios de naranjas del mediodía de Europa. Su mercado sirve como de bazar a los innumerables miles de ellas que se cautivan a poquísima costa en los bosques y huertas de las cercanías y en sus propios alrededores.
Perdonadme esta insistencia en comparar a las naranjas con las cautivas destinadas a extranjeros harenes; pero el símil es tan exacto y tan mío, que tengo empeño en que lo admitáis.
Estudiad, si no, el ulterior destino de estas princesas del reino vegetal, de estas rústicas diosas de nuestra tierra, de estas hijas de nuestro sol…