La Alpujarra
La Alpujarra Y en fin, señor mío: si erré también en aquel instante, y llego a conocerlo algún día, lo confesaré públicamente, con firme propósito de la enmienda, como me declaro hoy culpable y arrepentido de haberme propasado a dar lecciones a los que sabían más que yo, o sea a los pobres de espíritu, que dice el Evangelio.
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Mi tercer recuerdo de aquella noche revolotea dulcemente, con las flojas alas del cansancio, del sueño y de la pereza, por la sosegada atmósfera del gabinete de estudio de un poeta-soldado, ora posándose en raras y preciosas armas, cristianas y moras, antiguas y modernas; ora acariciando de pasada una variada multitud de interesantes libros; ora viendo elocuentísimas muestras de un religioso, inteligente y entusiasta culto a las flores…