La Alpujarra
La Alpujarra Todo esto se hallaba allà conmigo, dentro de mÃ, alojado en mi ser, bajo formas indeterminables, en imágenes intraducibles y con vestimentas estrafalarias, acosándome sin misericordia en las tinieblas producidas por la extinción de una gota de aceite, en el insomnio causado por el mismo exceso de mis fatigas, y en la soledad resultante del conato de sueño de los demás.
¡Y la aurora no venÃa! ¡El tiempo no pasaba! ¡Los cristales del balcón seguÃan siempre negros!
Dijérase que se habÃa parado el reloj de la eternidad, y que mi pobre pensamiento, única rueda que habÃa quedado moviéndose en el roto mecanismo de los mundos, estaba encargado de contar por millonésimas los instantes de aquellas inacabables horas.
Lámina VI
FIN DE LA SEGUNDA PARTE