La Alpujarra
La Alpujarra No vacilo en calificar al menor de los tres como uno de los hombres más cabales que andan por el mundo. A un mismo tiempo era Diputado Provincial, Cura Párroco (de la próxima villa de Albondón), y un bravo mozo del corte físico de ABEN-HUMEYA. —Como Diputado, las puertas del sufragio universal (portae inferi) no habían prevalecido contra él: como eclesiástico, había pasado por un crisol de sabiduría; es decir, por el colegio del Sacromonte de Granada; y, como andante caballero, familiarizado con montes y breñas, fue aquel día el alma y la vida de nuestra expedición—.
En cuanto a los otros tres alpujarreños, repito que eran parientes de sus Jefes muy amados; y, como donde hay patrón no manda marinero, solo añadiré acerca de ellos (y es su mayor elogio) que ninguno desmentía su casta.
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Con que trotemos ya, —puesto que lo permite la ancha cuenca de este río—, y lleguemos pronto al pie de aquella montaña…
(Trotamos).
… de aquella montaña, donde nos espera el Puerto de Jubiley, famoso por sus fragosidades…
(Tropezón).
¡Hombre! ¿Empezamos ya?