La Alpujarra
La Alpujarra UNO DE LOS VIAJEROS.—(leyendo). «Partido ABEN-FARAG de Béznar, no tardó en seguirlo ABEN-HUMEYA, acompañado de muchos moriscos; y llegando a Lanjarón, halló que el bárbaro tintorero habÃa quemado la iglesia, llena de cristianos».
UN CRIADO.—(dirigiéndose a otro). Dime: ¿dónde ha pasado eso?
EL OTRO CRIADO.—¡Qué ganso eres! ¿Pues no lo estás oyendo? ¡En Tetuán!…
EL CRIADO MAYOR.—¡Callad, zopencos! ¡Qué Tetuán ni qué calabaza! ¿No veis que ha dicho «Lanjarón»? ¡Perros moros! ¡Harto me enteré yo ayer tarde de lo que hablaban los amos sobre sus herejÃas!…
UN VIAJERO.—Pues se enterarÃa usted también de que los cristianos del mismo Lanjarón volaron una mezquita llena de moros…
EL CRIADO MAYOR.—Señorito… Dispense usted. ¡No es lo mismo!…
OTRO VIAJERO.—Ahora es cuando ha dicho usted la verdad… ¡NO ES LO MISMO!
EL VIAJERO LEYENTE.—(continuando). «De allà pasó ABEN-HUMEYA a Órgiva, donde los cercados de la Torre se defendÃan, y les requirió con la paz; y viendo que no querÃan oÃr su embajada, repartió la gente en dos partes: la una dejó en el cerro, y la otra se llevó consigo a Poqueira y Ferreira».