La Alpujarra
La Alpujarra Y, por cierto, que (según le contaron después) cada cual estaba soñando una cosa diferente…
El uno soñaba que lo habían hecho rey, pero que no sabía serlo; por lo que se alegró mucho cuando despertó y se vio libre de aquel cuidado y de aquella esclavitud…
Otro soñaba que se había encontrado, en el mes de julio, un tesoro de innumerables miles de millones, a pesar de lo cual seguía viviendo como cuando era pobre, pues no se le ocurría en qué gastar el dinero; pero que, llegado que hubo el invierno, sintió frío, y encargó que le hiciesen, para su exclusivo uso, trescientas sesenta y cinco capas.
Otro soñaba que se había muerto y estaba ya camino de la gloria; de cuyas resultas se apesaró luego extraordinariamente cuando despertó y vido que se hallaba todavía en este mundo…
Soñaba otro que estaba leyendo un libro titulado LA ALPUJARRA, muy parecido al presente, y que al llegar al punto por donde vamos, se había hartado ya de Orografía, Hidrografía, Topografía y demás ramos de la Geografía; —por lo que suplicó al autor no volviese a hablarle de montes y breñas con tanto detenimiento y procurase que la cuarta parte de su obra resultara más variada y entretenida que la tercera… Y el autor se lo prometió solemnemente—.