La Alpujarra
La Alpujarra Otro soñaba que ABEN-HUMEYA, el MARQUÉS DE MONDÉJAR, el de los VÉLEZ, ABEN-ABOO, D. JUAN DE AUSTRIA y el DUQUE DE SESA lo llamaban desde lejos con grandes voces, para que fuese a presenciar los dramáticos lances, recias batallas y amorosas escenas en que estaban interviniendo; —y que él les ofreció correr en su busca tan luego como descansase en Albuñol—.
Otro soñaba que todos los respetables curas párrocos de los pueblos de Sierra Nevada, correspondientes al partido de UgÃjar, nos habÃan enviado a decir con sus sacristanes que la Semana Santa iba a empezar, y que si no nos dábamos prisa en recorrer los pueblos del Gran Cehel, se frustrarÃa nuestro propósito de conmemorar los Misterios del Jueves y Viernes Santo en las iglesias de la región de las nieves…; —a lo cual habÃamos contestado nosotros que descuidasen; que llegarÃamos a tiempo—.
Soñaba, en fin, no sé cuál de los durmientes, que un pobre soldado, tenido por medio loco, se estaba examinando de ética ante un tribunal compuesto de El Valle de Lecrin, La Contraviesa, La Costa, y Sierra Nevada, y que, habiéndole preguntado esta última:
—¿Quién le parece a usted más grande y quién preferirÃa usted ser: Alejandro Magno, o D. Quijote de la Mancha?
—¡D. Quijote de la Mancha! —contestó sin vacilar el soldado.