La Alpujarra
La Alpujarra ¡Pobres mujeres! Las de los aduares estarían escondidas durante aquel sangriento combate en las fragosidades de Sierra Bermeja. Las de Alfornon habrían ido a Sorvilan por avío, a algún arroyo a lavar, o a los cerros de las cercanías a llevarles la comida a sus maridos, padres y hermanos.
* * *
Todavía tuvimos que volver a subir a las regiones del perpetuo invierno antes de bajar definitivamente a las del perpetuo verano; pero, una vez salvada aquella última defensa de los agonizantes montes, tornamos a complacernos en la creciente hermosura y progresiva templanza del terreno a que descendíamos.
Las doradas flores de la áspera y punzante abulaga, que solo abren en mayo en la que desde allí podíamos llamar Andalucía del Norte, cubrían ya los cerros y las lomas con su brillante y escandalosa vestimenta. La pita, gradación anterior a la higuera chumba en el termómetro vegetal, brotaba otra vez enérgicamente en las laderas de los precipicios, mientras que el olivo y la vid volvían a proclamar en todas partes el absoluto imperio del sol.