La Alpujarra
La Alpujarra La privilegiada comarca granadina, por encerrar todas las bellezas naturales, encierra hasta la ascética y melancólica del desierto. No contento Dios con reunir, casi a las puertas de la gran ciudad, nevadas montañas, cerros bermejos, las rocas moradas de Sierra Elvira, la feraz planicie de la Vega, jardines y bosques, y por último, ríos de todas clases (aquí el manso Genil fluyendo entre alamedas, allí el Darro mugiendo entre peñascos, acá el despeñado Dílar, allá el juguetón Alfacar, y el Monachil, y el Cubillas, y el Beiro, todos formando como una red de plata), puso también en aquella región los Llanos de Armilla, desconsolado yermo, enclavado, como un oasis negativo, en medio de una llanura siempre frondosa, para más lucimiento y realce del edén que lo rodea.
Ahora bien: allí han reñido muchas batallas los moros entre sí, y los moros con los cristianos: allí revistaban sus huestes D. FERNANDO y DOÑA ISABEL: allí hubo, en aquel tiempo, de día y de noche, citas, sorpresas, conciliábulos, desafíos, amantes coloquios, todos los lances propios de la soledad… (así los que refieren las crónicas, como los innumerables que no habrán tenido cronista): y allí no ocurre hoy maldita la cosa… mientras el sol está en el horizonte, a no ser algún simulacro de batalla o los cotidianos ejercicios de las tropas de la guarnición…