La Alpujarra
La Alpujarra Gracias al sumo Alá, que tan ricos y espléndidos hizo a nuestros patrones, y gracias a nuestros patrones, que tan cariñosa hospitalidad nos acordaron, habíamos dormido aquella noche como antiguos reyes; y, al reaparecer entonces en nuestra mesocrática vida, hallámosnos alojados en un gracioso departamento, más parecido a una confortable habitación de París o Londres que a todo lo que podíamos prometernos encontrar en el fondo de la Alpujarra…
¡Dios se lo pague a nuestro huésped! ¡Alá le pague, digo, a aquel su gran servidor, y a su noble y santa esposa, y a sus adorables hijas, y a sus angelicales pequeñuelos, todo lo que disfrutamos en su casa las muchas veces que demandamos en ella asilo y probamos el pan y la sal, al regreso de nuestras continuas peregrinaciones por los montes y valles alpujarreños!…
¡Auméntele la misericordia divina sus bienes de fortuna, hasta que sean tan largos de contar como las arenas de los Dos Zeheles!…
¡Prolongue sus días, para que vea las buenas acciones de los hijos de sus nietos!…
¡Defienda la sombra de su techo, en la ciudad, y la de su tienda, en el desierto, de la presencia de huéspedes ingratos!…