La Alpujarra
La Alpujarra ¡Toda Sierra Nevada, extendiéndose de Poniente a Levante en una línea de once leguas, como un descomunal anfiteatro, en cuyo ciclópeo graderío se asentaban más de cuarenta pueblos!
¡Toda Sierra Nevada, monumento incomparable, alzado sobre inmensos pedestales de color de violeta, recamado luego su zócalo de anchas franjas de amenísima verdura, hendido a veces de arriba abajo por relucientes chorros de agua cristalina, cubierto a trechos de bosques que parecían bordados en las laderas de los barrancos, y blanco y resplandeciente al fin, desde su media altura hasta las excelsas cumbres, cual si fuera de bruñida plata!…
¡Maravilloso templo en verdad, levantado allí por el Creador para morada de las Cuatro Estaciones!
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A nadie sorprenda que nuestra admiración llegase a tal extremo.