La Alpujarra
La Alpujarra Nada más lejos de mi ánimo que describir aquà el aspecto particular de ninguno de los lugares citados. ¡Fuera cuento de nunca acabar! Ya iremos a algunos de ellos…; y, por lo que toca a los restantes, habréis de contentaros con saber su nombre y su situación… Mas no puedo prescindir de hacer desde luego especialÃsima mención de cierta ilustre villa que contemplábamos en aquel momento a una gran distancia, y que habÃamos de visitar dos dÃas después…
UgÃjar, la antigua ciudad, la verdadera metrópoli de la Alpujarra, acababa de aparecer también a nuestros ojos, pero no encaramada en un monte, ni escondida en una rambla, ni opresa en un barranco, como los demás pueblos de aquel enmarañado paÃs, sino aristocráticamente extendida al pie de la Sierra, en un terreno casi llano, en medio de una tierra feracÃsima, con su horizonte propio, cercado de montañas ajenas, y, en fin, ni más ni menos que las poblaciones del mundo…
El más impaciente, deseo de visitar a UgÃjar nos acometió en aquel instante, al hacernos cargo de su situación, y necesario fue todo nuestro respeto a los itinerarios preestablecidos, para que dejásemos transcurrir todavÃa dos soles antes de pasear nuestros corceles y mulos por su encantadora campiña y mansas calles.