La Alpujarra
La Alpujarra MORISCO 1.º.—Si no se hubiera tratado de un niño…
ABEN-FARAG.—Tienes razón, amigo… Su padre tal vez degolló al tuyo.
MORISCO 1.º.—Su hijo le vengará.
Se van los tres Moriscos, y ABEN-ABOO le dice entonces a ABEN-FARAG estas filosóficas palabras:
ABEN-ABOO.—¡Miserables! Su furor se enciende y se apaga como lumbrarada de sarmientos.
ABEN-FARAG.—¿Y quién nos quita aprovecharnos, a la primera ocasión favorable de ese carácter impetuoso? ¡Quién sabe! Quizá este último lance pudiera sernos útil. Ya empiezan a murmurar de Muley Carime: no será difÃcil trocar la desconfianza en odio…
[…]
La equÃvoca conducta de MULEY CARIME; sus inteligencias con el Capitán General de Granada: sus trabajos para impedir el progreso de la rebelión, etc., etc., proporcionan muy luego a ABEN-ABOO y a ABEN-FARAG la ocasión que buscaban de asestar el golpe de muerte a la popularidad del REYECILLO.
Leamos ahora la admirable escena que constituye el nudo de aquel enredo pavoroso.
Es el Tercero y último Acto del drama.