La Alpujarra
La Alpujarra ABEN-ABOO y ABEN-FARAG se presentan a media noche en la cámara real, donde tenÃan siempre libre acceso, y, avanzando «con paso lento y misterioso», cada uno se coloca a un lado de ABEN-HUMEYA.
(Entrega un papel a ABEN-HUMEYA, quien lo lee para sÃ, dejando entrever su turbación. ABEN-ABOO y ABEN-FARAG le observan con el mayor ahÃnco, en tanto que él permanece inmóvil, con los ojos clavados en la carta).
ABEN-ABOO.—Te traemos, Aben-Humeya una nueva fatal…
ABEN-FARAG.—Y nos vemos forzados a traspasar con ella tu corazón.
ABEN-HUMEYA.—(Con suma presteza). ¿Ha muerto mi padre?
[…]
ABEN-ABOO.—Han tratado de vendernos con la traición más negra…
ABEN-HUMEYA.—¿Y por qué temes descubrirla?
ABEN-ABOO.—Si temo, es solo por ti…
ABEN-HUMEYA.—¡Por mÃ! Haces mal, Aben-Aboo, en tomarte ese cuidado. Si hay peligros, los arrostraré. Si hay culpables, sabré castigarlos.
ABEN-ABOO.—Mucho tiempo te ha de temblar la mano antes que descargues el golpe…
ABEN-HUMEYA.—Decid el nombre del reo, y el rayo no será más pronto.