La Alpujarra
La Alpujarra ABEN-HUMEYA.—Un asunto muy grave que tengo precisión de consultaros.
MULEY CARIME.—Y has querido aprovechar el silencio y la soledad de la noche… o tal vez ese asunto importante debe estar resuelto antes que raye el dÃa…
ABEN-HUMEYA.—(Señalando el reloj de la sala). ¡Mirad allÃ… mirad!
MULEY CARIME.—Acaba de dar la una…
ABEN-HUMEYA.—Pues antes que dé otra hora, ya ese grave asunto habrá terminado.
MULEY CARIME.—¡Terminado!
ABEN-HUMEYA.—Y para siempre.
MULEY CARIME.—Me parece que estás muy pensativo, ABEN-HUMEYA… A pesar de tus conatos, veo claramente que te aflige una grave pena.
ABEN-HUMEYA.—Es un secreto fatal…
MULEY CARIME.—¿Y por qué tardas en confiármelo?
ABEN-HUMEYA.—No tengáis tanto afán por saberlo… Siempre tiene que pesar sobre mi corazón, y no vais a poder con él.
MULEY CARIME.—Mas ¿qué secreto es ese? ¡Ah! Bien te lo habÃa yo dicho: ni el engrandecimiento ni el poder acaban por darnos en el mundo un solo dÃa feliz: has perdido la paz del ánimo, has comprometido tu suerte, lo has comprometido todo por un pueblo inconstante, que te abandonará cuando apremie el peligro…