La Alpujarra
La Alpujarra ABEN-HUMEYA.—¡Y al que he jurado defender… aún a costa de mi vida!… ¿Lo habéis oído, Muley Carime?… ¡Aun a costa de mi vida!…
MULEY CARIME.—¿Y a que fin me diriges esas palabras?
ABEN-HUMEYA.—Os ruego meramente que las peséis.
MULEY CARIME.—No te comprendo.
ABEN-HUMEYA.—Pues ahora vais a comprenderme. Todo lo he sacrificado por redimir del yugo a estos pueblos… Vos mismo acabáis de decirlo…, y ellos, a su vez, han depositado en mí su confianza, su poder, su futura suerte… ¿Cumplirán sus promesas? ¡Dios, lo sabe! Yo sé que cumpliré las mías.
MULEY CARIME.—¿Y quién te dice?…
ABEN-HUMEYA.—No me interrumpáis. Yo tengo un padre anciano, cuya vida me importa mucho más que mi vida… Está entre las garras de mis enemigos, cargado de cadenas, con la cuchilla a la garganta… Lo sé; lo sabía cuando di la señal contra sus verdugos, ¡y ellos saben también el modo de vengarse de mí!
MULEY CARIME.—Mas ¿por qué te anticipas a sentir las desgracias antes de que sucedan?…