La Alpujarra
La Alpujarra Toda esta relación podrá ser exacta; pero hay un punto en ella que me resisto a creer, y es lo de la saeta disparada por el REYECILLO contra MULEY CARIME.Semejante acto desdice del carácter aristocrático y caballeresco de ABEN-HUMEYA. Antójaseme, pues, que lo inventaron sus enemigos, y que Mármol se apresuró a consignarlo para rebajar la siempre artística figura del descendiente de MAHOMA. Observad que, en medio de todo, resulta que este no llegó a herir por sí mismo a su suegro… Convengamos en que únicamente «lo mandó matar» como dice el veraz y austero Hurtado de Mendoza.
Y de cualquier manera, a bien que a nosotros no nos alcanza responsabilidad alguna en aquel suceso… ni nos hemos propuesto hacer el panegírico del yerno de MULEY CARIME. ABEN-HUMEYA estaba muy lejos de ser un santo: antes era un desenfrenado libertino, a cuyo lado no había mujer segura, como fuera guapa, según veremos pasado mañana al estudiar las verdaderas causales de su muerte… Además: a la hora que es, MIGUEL DE ROJAS hubiera fallecido ya de todos modos… ¡Han pasado tres siglos de reloj desde que le descubrieron sus manejos! Y, en fin, en el Valle de Josafat se liquidarán todas estas cuentas.
Montemos, pues, a caballo: despidámonos de la encantadora Cádiar, y trasladémonos al próximo lugarcillo de Narila.
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