La Alpujarra

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Tenía ABEN-HUMEYA un amigo y confidente con quien gustaba mucho de platicar sobre amoríos. Llamábase DIEGO ALGUACIL, y era morisco, natural de Ugíjar.

Un día cometió este la ligereza y la ruindad de revelarle cómo era el amante correspondido de una prima suya, «viuda, mujer que fuera de VICENTE DE ROXAS, pariente de ROXAS, suegro de ABEN-HUMEYA; mujer igualmente hermosa y de linaje (dice Hurtado de Mendoza); buena gracia, buena razón en cualquier propósito; ataviada con más elegancia que honestidad; diestra en tocar un laúd, cantar y bailar a su manera y a la nuestra; amiga de recoger voluntades y conservarlas».

Esta viuda llamábase ZAHARA, si hemos de creer a Pérez de Hita[69]; el cual conviene también en que era muy hermosa. «Hermosa a la maravilla (dice); gran música de voz y de tañer a la morisca y a la castellana…, y danzaba extremadamente».

«Y tanto le supo decir (continúa luego el mismo), que ABEN-HUMEYA, de oídas, quedó de ella muy amartelado y con encendido deseo de verla: y así, disimulando, le rogó (sin mandar como pudiera) que la trujese a su casa, porque la quería ver, y que en ello le haría gran servicio.


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