La Alpujarra
La Alpujarra »ABEN-ALGUACIL, arrepentido ya de haber alabado tanto a su dama, sufriendo su pena, aquella noche la llevó a casa del REYECILLO, adonde, a su ruego, danzó y tañó y dijo…».
Resultado de esta entrevista, fue que la mora ZAHARA no volvió a salir de las habitaciones del REYECILLO, quien «usó de ella como amiga» (dice Hurtado de Mendoza); mientras que DIEGO ALGUACIL desapareció de Andarax, tan receloso de que ABEN-HUMEYA lo matara, como resuelto a matarlo él en cuanto pudiese.
En lo que no están de acuerdo los historiadores es en la manera de calificar los resentimientos de ALGUACIL y de ZAHARA con el tirano alpujarreño. Según Pérez de Hita, que es el más romántico de todos, «la hermosa mora quedó a su pesar con el REYECILLO, no cesando de llorar aquella fuerza que se le hacía». Según Hurtado de Mendoza, «avisó la viuda a su primo, mostrando descontentamiento; ofendida, entro tantas mujeres[70], de no ser tenida por una de ellas». «Otros (dice Mármol) entendieron que la causa del enojo que tenía con él (DIEGO ALGUACIL con ABEN-HUMEYA) no eran celos, sino punto de honra, afrentado de que siendo mujer principal, que podía casar con ella, la traía por manceba».