Detras de la mascara
Detras de la mascara —Tal vez sea asÃ.
Coventry pronunció esa última frase porque las dos que le precedieron ofrecÃan una explicación de la increÃble transformación de Jean. No todo se debÃa a su talento artÃstico: la aversión mezclada con la feroz alegrÃa que suponÃa tener sometido al objeto de su odio ofrecÃa una ocasión perfecta para ser fingida. Y como Coventry conocÃa la clave de esa escena, tuvo la sensación de estar en posesión de la verdad. Pero esa verdad duró poco, porque el telón descendió antes de que él tuviera tiempo de analizar el significado de esa peculiar expresión en el rostro de Jean.
—¡Espantoso! ¡Me alegro de que haya acabado! —exclamó LucÃa con frialdad.
—¡MagnÃfico! ¡Otra, otra! —gritó Gerald entusiasmado.
Pero el cuadro teatral se habÃa terminado, y ninguna ovación conseguirÃa que la actriz volviese a salir a escena. Acto seguido, los espectadores presenciaron dos o tres escenas elegantes y divertidas, pero Jean no protagonizaba ninguna de ellas, motivo por el cual carecÃan del encanto que el auténtico talento imprime incluso a las representaciones más modestas.
—Coventry, te reclaman —avisó una voz. Y para asombro de todos, Coventry se levantó, porque era bien sabido que hasta entonces se habÃa negado a participar en una función.