Hombrecitos
Hombrecitos —Aprenderá esgrima y boxeo cuando sea hora, y hasta entonces, podrá pasarlo muy bien sin recibir lecciones a moquete limpio. Lávense la cara; y tú, Dan, si vuelves a desobedecer mis órdenes, te marcharás de aquÃ. Esto es lo que se convino. Ya sabremos, si llega el caso, pasarnos sin ti.
Salieron los chicos, y, tras breve exhortación a los espectadores, marchó papá Bhaer a curar las heridas de los incipientes gladiadores. Emil se acostó sintiéndose enfermo, y Dan, durante una semana, tuvo el rostro desfigurado.
Pero el rebelde muchacho no pensaba en obedecer, y pronto cometió una nueva fechorÃa.
Un sábado por la tarde, mientras los otros chicos se fueron a jugar, propuso a Tommy:
—¿Quieres que vayamos al arroyo y cortemos un haz de cañas nuevas para pescar…?
—Bueno, y nos llevamos al borrico para que las traiga, y uno de nosotros puede montarse —indicó Zampabollos, enemigo de andar.
—Ya supongo que el que se montará serás tú, patas de lana; pero, en fin, vamos —exclamó Dan.
Salieron, cortaron las cañas y emprendieron el regreso. Entonces, desgraciadamente, viendo a Tommy cabalgar sobre el animalito, empuñando una larga caña, se le ocurrió decir a Medio-Brooke: