Hombrecitos
Hombrecitos —SÃ; voy a traer una jaula vieja que es muy adecuada. Cuida de que los cangrejos no le muerdan los pies a Teddy —recomendó mamá Bhaer, dejando a Dan muy contento por ver el aprecio que se hacÃa de sus tesoros.
Nat, Medio-Brooke y la jaula llegaron a la vez; los cangrejos ingresaron en su nueva casa con gran regocijo de los muchachos, olvidados ya de cualquier resentimiento hacia el antiguo camarada.
Dan refirió a su admirado auditorio las aventuras que corriera; luego enseñó el «botÃn» y describió todos los objetos con tal detalle y exactitud que tÃa Jo, que oÃa desde su habitación, se quedó maravillada.
—¡Cuánto sabe y entiende este muchacho de las cosas campestres! ¡No hay duda de que le interesan más que los libros! Ahora que ha de guardar cama, los niños pueden distraerlo trayéndole bichitos y piedritas. Mucho me agradarÃa que Dan fuese un sabio naturalista, y Nat un gran músico…