Hombrecitos
Hombrecitos —A mà me gusta, porque es muy inteligente, pero…
—Pero ¿qué?
—Que como es un niño tan bueno y yo soy de tan mala condición, temÃa su oposición a que nos reuniéramos.
—Tú no eres de «mala condición»; tengo gran confianza en ti; veo que procuras corregirte y lo vas consiguiendo.
—¿De veras?
—SÃ. ¿No lo notas…?
—Procuro ser bueno, pero no sé si lo soy.
—Lo vas siendo. Como prueba y recompensa por tu excelente conducta, voy a confiarte no sólo a Medio-Brooke, sino a Rob. Tú puedes enseñarles muchas cosas mejor que nosotros.
—¿Yo…? —contestó Dan, estupefacto.
—Medio-Brooke, por razones de educación y de familia, necesita lo que tú debes darle: conocimientos generales, fuerza y ánimo. Te admira como al niño más valiente del mundo; te oye con arrobamiento. Más que los cuentos de los libros, le recrearán y le instruirán tus verÃdicos relatos acerca de plantas, pájaros, abejas y otros animales curiosos… ¿Comprendes lo que puedes hacer y por qué quiero confiártelo?