Hombrecitos
Hombrecitos »Mi trabajo de composición encierra tres enseñanzas: La primera, que deben ser limpios… (Rumores). La segunda, que deben levantarse temprano… (Más rumores). La tercera, que, cuando les apliquen la esponja mojada en éter, deben aspirar con fuerza, sin gritar ni patear, para que les saquen los dientes con facilidad. He dicho.» (Aplausos estrepitosos. La disertante saluda y toma asiento).
—Es un trabajo notable, instructivo y gracioso. Muy bien, Nan —dijo el señor Bhaer—. Tiene la palabra Daisy.
Ruborosa, la niña se colocó junto a la mesa, murmurando:
—Mi trabajo no es notable ni gracioso. Pero… ¡No sé hacerlo mejor! Temo que no les agrade.
—Tus trabajos nos agradan siempre —advirtió el maestro, entre murmullos de afirmación general.
La muchachita dio lectura a la siguiente monografía: