Hombrecitos

Hombrecitos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Querida Jo, el amor que me ha sostenido durante diez años sigue sosteniéndome. El amor, esencia del alma, no puede morir; hoy John sigue estando a mi lado en espíritu.

—Tienes razón —asintió mamá Bhaer.

Allí estaban todos: el padre, la madre, tío Teddy, tía Amy, el venerable señor Laurence, los Bhaer, con los chiquitines, y muchas personas más. En su vida laboriosa y modesta era de presumir que John Brooke no había dispuesto de mucho tiempo para crear y cultivar amistades; y, sin embargo, surgían amigos por doquier; ancianos, jóvenes, pobres, ricos, humildes, aristócratas… Todos lo amaban, todos lo lloraban, todos lo bendecían.

Los mayorcitos contemplaban con honda emoción todo lo que se desarrollaba ante sus ojos. El funeral fue breve y sencillo; la voz del sacerdote, aquella voz que antaño sonara jubilosa al bendecir el matrimonio de John Brooke, cuando quiso pronunciar la oración fúnebre, tembló en un sollozo. El profundo silencio que siguió al último Amén, sólo se interrumpió por el llanto de Josy. El coro escolar, a una señal del señor Bhaer, entonó un himno suave y calmo. Todas las voces se unieron entonces, pidiendo a Dios paz para las almas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker